Por Héctor Ravelo y Jorge Gregorini *
El 9 de febrero se realizó una sesión extraordinaria en el Concejo Deliberante donde quedó claro cómo piensa el oficialismo y cómo actuamos nosotros.
Fue una sesión donde los sindicatos hablaron, hablaron y hablaron. Hubo acusaciones, agravios y discursos cargados de política, pero cuando llegó el momento de que respondiéramos, no nos dejaron. Nos quitaron la palabra y no tuvimos derecho a réplica.
Aun así, cuando llegó el momento de votar, votamos como corresponde: de cara a los vecinos y con convicción. Votamos de manera negativa al rechazo que quiso imponer el oficialismo.
Porque no vamos a acompañar un modelo que durante años reemplazó el trabajo genuino por estructuras de dependencia política.
En ese esquema, muchas cooperativas dejaron de ser herramientas de salida laboral para transformarse en mecanismos de control. No generan empleo real, no tienen aportes, no tienen estabilidad y no le dan al trabajador un futuro digno. Son planes con otro nombre.
Lo más grave es que ese sistema hoy ocupa lugares de poder: dirigentes de cooperativas sentados como concejales, directores o funcionarios, administrando recursos públicos y sosteniendo un modelo que mantiene a la gente atrapada en la pobreza.
Creemos en el trabajo real, en la cultura del esfuerzo y en una Argentina donde nadie dependa de un puntero para salir adelante.
Ese es el camino que defendemos, aunque intenten callarnos.
Acompañamos el camino de la modernización laboral que impulsa el Gobierno nacional porque la Argentina necesita reglas claras para que se generen empleos formales, inversiones y oportunidades reales.
Por eso votamos en contra del rechazo que quiso imponer el oficialismo. Porque no estamos para defender privilegios ni estructuras políticas: estamos para defender el trabajo, la libertad y el futuro de los argentinos.
- Concejales de La Libertad Avanza