MURIO JUAN CARLOS SENA: PJ, SIDE Y CABEZAS

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La noticia la dieron sus compañeros en las redes:

Juan Carlos Sena era un peronista de centro derecha. Durante su juventud, en los años ’60 rondaba el colegio de Bernal bautizado Chaparral, apodo del secundario donde los del Centro de Estudiantes quemaban gomas ante el Golpe de 1966, mal vistos por el Cabezón que gustaba de trompear a esos que consideraba “comunistas”.

Es probable que haya sido un homónimo suyo el Juan Carlos Sena que fue liberado el 25 de mayo de 1973 tras la asunción de Héctor Cámpora.

Sobre ese periodo que se iniciaba, en una entrevista para el libro «Habría que matarlos a todos», resumió:

–Estuve con JJ Mussi en la Ortodoxia hasta que, cerca del ‘73, lo vi montarse en la ola revolucionaria que lo depositó como director del San Martín tras la toma por parte de la JP.

Eso duró poco, hasta la masacre de Ezeiza, en que Sena supo que su vecino Mussi curó a los heridos de la Tendencia revolucionaria en el Hospital San Martín de La Plata.

–Ese Mario Canziani (fon) es un oficial montonero de esta región –recordó para la misma entrevista del libro de Alberto Moya.

Luego de la dictadura, se constituyó el Movimiento de Unidad Peronista (MUP), previo al mussismo.

Mención a Sena.

Por aquellos años de transición entre el hermiñista Arturo Ramón y el actual JJ Mussi, hubo operaciones y pases entre ambos espacios. Habrá de ser noticia por entonces (Amenazan de muerte a dirigente gremial. El Sol, 31 de marzo de 1987, pp 3):

Hacia marzo de 1987, secuestraron a Sena para que –según declaró– abandonase a Ramón, también Anastasio Dalmaso Aguiar –aliado mussista– se dirá secuestrado, pero se abstuvo de ir a la Justicia, por lo que cosecharía reproches de “falsa denuncia”.

Alberto Moya, de su libro «… Y después la gente va y lo vota» (2013).

Los ’90 lo hallaron enrolado muy cerca de Carlos Menem. En el libro El Jefe, de Gabriela Cerruti, aparece mencionado como agente del Servicio de Inteligencia Del Estado (SIDE).

A mediados de la década, militaba en la oposición al mussismo: cuando estuvieron por hacerse con la presidencia del Concejo Deliberante, fue el que protegió a Elvira Ayala, la concejal que votaría contra el candidato del oficialismo, que evitó la entente con una paliza de su patota a los ediles independientes, el 10 de diciembre de 1995 (ver libro de Moya).

Con ese antecedente, dos años después fue salpicado por una operación de JJ Mussi que buscó distraer la atención sobre el crimen de José Luis Cabezas.

La casa que Sena alquilaba en 365 y 312, a una cuadra de la Comisaría de Ranelagh.

Coberturas

VeI, del 19 de agosto

La cara oculta

Mauro Viale entrevista a un testigo oculto. En primer plano, de espaldas, el hombre de Berazategui que se parecía al identikit del que habría merodeado la casa de Andreani antes del secuestro de Cabezas; con quien, al final, no tenía nada que ver. El verdadero sospechoso era otro de cara cuadrada, Carlos Stoghe, policía de Varela. Pero por esos días, la prensa nacional requirió de Moya para clarificar quién es quién en Berazategui.

En Canal 2, al mes del crimen de José Luis Cabezas. (25 de febrero de 1997).

Cómo se dio su aparición en TV

En tapa del domingo 23 de febrero, a un mes del crimen de Cabezas, el periodista Horacio Verbitsky publicó:

Página/12 revela la estremecedora información que ni Duhalde se animó a contarle al juez: la policía investiga a un custodio de Menem de notable parecido con el identikit de uno de los sospechosos por el asesinato de Cabezas”.

Así lo recuerda Alberto Moya:

Ese día, junto al colega Augusto Macario, habíamos ido a entrevistar a Norma Kennedy, quien dormía en el cementerio de la Chacarita, junto a las tumbas de Perón y Evita. Cuando salimos del subte, vi colgada de un kiosco el diario con la foto en primer plano del jefe político de nuestra ciudad junto a Carlos Menem. Una flecha señalaba al hombre que estaba detrás: ‘El Cabezón’, decía.
Lo reconocí; trabajaba en el Concejo Deliberante (HCD) de Berazategui. Llamé a su jefe, pero sus teléfonos estaban apagados.
Al día siguiente, hablé con el colega Adrián Di Nucci, de Quilmes, quien me pidió detalles de qué pasaba.
Le conté. El Cabezón anda siempre junto a Argentino Geneiro (sindicalista encumbrado junto a Luis Barrionuevo); todos menemistas. Están enfrentados en Berazategui contra Juan José Mussi, ministro de Salud de Duhalde. Por eso, Mussi le dio al gobernador la foto que –seguro– le dio también a Página/12. Así, Mussi gana por partida doble. Debilitaba a un competidor local y, de paso, le daba a su jefe provincial un elemento para la interna contra Menem”.
Adrián Di Nucci, que trabajó con Guillermo Cánepa y otros vinculados a Mauro Viale, (luego, habría de colaborar con la revista de Jorge Lanata), pasó mi informe a la producción de América TV y les habló bien de mí como periodista, por lo que siempre le agradecí.
Al rato, me llamó Mauro Viale para preguntarme si me animaba a decir todo eso en la TV. Ante la condición que puse de que no me mezclaran con los travestis ni los frívolos sin relación (ni altura) con el caso Cabezas, aceptó y me citó para el día siguiente”.

Identikit del caso Cabezas

Para ese martes 25 al mediodía, cuando se cumplía un mes del crimen, Viale consiguió al taxista “Marcelo”, quien se puso unos lentes negros y, de espaldas a la cámara, dijo que había llevado ‘al Cabezón de cara cuadrada’, el 2 de febrero, desde Retiro a Buquebús.

Luego, de pie, Mauro Viale habló con «el Cabezón», quien negó tanto las acusaciones como el viaje. Mauro paró entre medio a Georgina Barbarrosa de modo que auscultara al entrevistado y le dijera si le parecía sincero. La buena de Georgina no halló nada que objetar.

La tercera parte fue la entrevista a Moya quien, sentado a la mesa, exhibió los periódicos locales en los que había publicado notas en las que denunciaba a la Policía Bonaerense; describió la situación política de Berazategui y explicó porqué Mussi le dio a Duhalde un dato que apuntaba a “un ex custodio de Menem”. Al engramparlo con el caso Cabezas, el ministro mataba dos pájaros de un tiro: debilitaba a un competidor local y, de paso, le daba a su jefe provincial un elemento que le servía para la interna que ya tenía contra el presidente.
Cuando terminaba el bloque, Moya cerró:

El informe de la nota de Horacio Verbitsky lo hizo Lilia Ferreyra. Habría que preguntarle –no va a decirlo– pero habría que preguntarle si la información no se la dieron en el Ministerio de Salud Bonaerense”.

Viale miró a cámara, apretó los labios en silencio y mandó al corte.

Lilia Ferreyra era la viuda de Rodolfo Walsh. Había estado en Berazategui como parte de su rueda de consultas para esa nota. Así, pasó por el periódico La Palabra (cuyo director, Miguel Gaíta, era/es Directivo de ADEPA). Allí habló con el Jefe de Redacción, Carlos ‘Tati’ Iglesias (el mejor periodista de la región, según todos sus colegas, ex redactor de los diarios La Razón, El Sol y Diario Popular, entre otros). Tati le dijo a la viuda de Walsh:

El que más sabe de estas cosas es el pibe Moya, anote su teléfono.

Tati Iglesias

Días después, el periódico La Palabra publicó un recuadro en el que recordaba que Moya no formaba parte ya de su Redacción. En efecto, Moya había sido convocado para hacer el periódico Decisión, de Alberto Sabini (ex director de la radio de La Palabra) quien se ocuparía de la FM Del Este.

Cuando salí del canal –recuerda Moya– llamé a Sabini:
–No vengas por Berazategui.
Era una recomendación atendible; ya me habían fajado en 1995 y 1996. Corría 1997. Había sido Sabini también quien me confió el sarcasmo con que se regodeaban en la oficina de prensa municipal cuando, después del crimen de Cabezas, deslizaban:
–Bueno, ahora que se cuide Moya, eh.
Pero el jueves 27 dejé de esconderme. Fui al bar Moro donde nos juntábamos los periodistas y me senté junto a la vitrina que da a la principal avenida. Desconocidos me sonreían y saludaban como si fuera de la familia. Ahí me vio el colega Rodolfo Estequín, de buenas relaciones con el mussismo.
–¿Que hacés?
–Me exhibo. Así los chupa-mussi saben dónde encontrarme. Si tienen que pegarme otra vez, resolvámoslo rápido.
–¡No! No van a hacerte nada. Ya lo hablaron. Dicen que si te tocan, vas a ir otra vez a la tele a mandarte la parte y hacerte ver, jaja.
En efecto, esta vez no me pegaron”.

Donde sí le pegaron fue en El Sol, vocero de los intereses de Mussi. Todo un recuadro para Moya, por denunciar que Mussi sembraba pistas falsas en el caso Cabezas. El diario oficialista consideró a este «personaje» como «lamentable«, en negrita y subrayado. («Pero si no te pidieron tanto«, diría Jacobo Timerman).

Esta es la sucesión de notas de El Sol, con una notable tendencia a poner siempre a «Duhalde» como sujeto de la oración en el título:

No obstante, el escándalo continuó. El «Cabezón» debió declarar ante el juez JL Macchi, que no encontró motivos para detenerlo ni procesarlo. Tal como Moya había adelantado.

No obstante, el tema llegó al Congreso, donde la diputada nacional Cristina Zuccardi presentó un pedido de informes.
Fuente: Diario El Sol, viernes 14 de marzo de 1997, pp 4.

El propio Mussi fue al programa de Mauro Viale (el más visto de la TV en ese entonces, que venía de altos picos de audiencia con las tres chifladas del caso Cóppola –Samantha Farjat, Julieta Lavalle y Natalia De Negri–) a hablar de su maravillosa gestión. Mientras era entrevistado a solas en los estudios, las cámaras enfocaron a un grupo de seguidores que lo vivaban desde la calle. Viale no repreguntó y se mostró muy condescendiente.
Días después, el periódico La Palabra publicó en la sección ‘Tres al cierre’, de la contratapa, que todo había sido arreglado por ‘cincuenta lucas’.
¿Viste, Moya? Al final, pusiste la cara gratis y la guita se la llevó el otro”, me gastaba ‘Tati’.

Después fue en Página/12 donde el propio ministro salió a cruzar de modo indirecto la información aportada por Moya. Fue en oportunidad de que Juan Merodo, otro que se animó a enfrentarlo en la política, fuera muerto a tiros:

Este es el tercer hecho que me cargan (… los otros fueron) Cuando dijeron que llevé al gobernador Duhalde la foto de ese hombre parecido a uno de los que merodeaban la casa de Andreani la noche que asesinaron a Cabezas…”.

Entrevista de Andrés Klipphan a Mussi: “Es el tercer hecho que me cargan”, en Página/12, domingo 16/3/97, pp 6.

Fotos de abajo:
Moya espera su turno en los estudios de América TV para relatar qué era lo que en verdad pasaba en Berazategui. Tal como había pedido, fue entrevistado en una mesa aparte, lejos de los frívolos sin relación (ni altura) con el caso Cabezas. Viale cumplió.
Georgina Barbarrosa, (parte de la programación de América), a quien Mauro Viale le preguntó qué pensaba de su entrevistado de Berazategui.

Para el final del programa, llegó a estudios la hermana de José Luis, Gladys Cabezas, ante quien Moya fue invitado para una improvisada conferencia de prensa. Después de salir de estudios, partieron todos hacia la movilización de repudio hacia la Casa Rosada.

Tiempo después, el hombre del identikit fue detenido: el policía Carlos Stoghe, de Varela, como se ve en el ejemplar de Clarín que Viale exhibió. Se hubiera llegado a él mucho antes si Mussi no hubiera desviado la atención hacia su competidor interno en Berazategui.


Otro libro con menciones a Sena:

21 Respuestas a “MURIO JUAN CARLOS SENA: PJ, SIDE Y CABEZAS”

    1. La primera parte está escrita sobre los relatos de él. La cita en el libro de Gabriel Cerruti puede comprobarla cualquiera con sólo ir a una librería o biblioteca. EN cuanto a lo de Cabezas, ahí están los facsímiles de los diarios. Todo está documentado.

  1. La verdad es que no es para ponerse triste, Sena ingresó a la policía de la provincia BUENOS AIRES en el 71 y en el 73 ya era oficial, fue el quién hizo secuestrar al responsable de Montoneros de Villa España Mario Cangiani, luego de la escuela Vucetich pasó para Arana donde conoció a lo peor de la policía ETCHECOLAZ, era vecino mío y lo conocí bastante

  2. Muchas gracias por recordarlo. Un gran tipo. A los pelotudos que le gusta hablar boludeces de una persona y no tener ni un mínimo de respeto, que Dios los acompañe. Los que realmente lo conocieron saben lo que fue.
    Cuanto pelotudo suelto hay…

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