
He tenido algunas satisfacciones en mi corta carrera cómo escritor. Y cierta continuidad en mi extenso e intenso desempeño como periodista profesional. Hace tres años algo que leí en mi muro de WattsApp fue una especie de enorme, y más que grata, condecoración moral. El texto casi me hizo salir el corazón por la boca.
Que una grande de verdad como Nora Perlé -la genial conductora del programa más y mejor escuchado de la radio argentina- te elogie y aprecie es genial, además de conmovedor. Como si fuese poco, Nora es retense de alma. Éste fue su mensaje:
«Un gran abrazo, y mi admiración por tu libro, por la brevedad con la que pudiste relatar la sordidez sin golpes bajos. Una tragedia en este pequeño lugar tan entrañable para quienes lo estamos viviendo hoy. Una gran historia, con la síntesis de los sutiles y comprometidos y con la valentía de la verdad. Te saludo con cariño y admiración, Daniel».
Nora hablaba de mi tercer libro Reta, un espía en el Paraíso y su mensaje me dejó más que conmovido. Me cuesta no emocionarme cada vez que aparece en mi archivo: quizá sea mi edad.
Tuve otros testimonios, de gente conocida y -en algún caso- también amiga. Más los de otra gente que no conozco y me gustaría agradecer tanta generosidad. No quiero ser injusto ni omitir a nadie. Vaya para todos un abrazo virtual.
