
Salvo porque fumaba como un escuerzo, podría decirse que Otto Müller era casi un asceta. Llegó a Copetonas como un croto europeo más de los que recorrían el país para trabajar en la siembra o cosecha de lo que fuese. En Reta aterrizó no mucho después. Era 1943: faltaban dos años y un pucho para el fin de la Segunda Guerra Mundial que enfrentó al mundo por odio racial y generó una matanza tremenda, brutal, y un éxodo masivo pocas veces visto. Horrorizados por la miseria y el terror los europeos miraban América como una salida. En algunos casos, los causantes de semejante matanza aprovecharon la oportunidad de infiltrarse.
El tipo/topo llegó a el Paraíso después de que mis abuelos maternos compraran el fondo de comercio del bar y almacén de Santiago López al que bautizaron La Aurora, el nombre de la abu. Disfrazado de esforzado trabajador, vivió en un ranchito de madera y chapas hecho por sus manos detrás de lo que hoy es el Corralón La Rusa. La construcción miraba hacia la plaza Almirante Brown, que era casi un páramo. Primero trabajó con el italiano Roque Bombassi, quien pescaba con aparejos. En su tiempo libre, arreglaba estufas, cocinas y calentadores a querosén. Alegaba ser austríaco, cosa que nunca se sabrá. Al tiempo, dejó la pesca y comenzó a juntar almejas que vendía a un envasador de Bahía Blanca.
Ahí fue que el nazi comenzó con la verdadera tarea que lo trajo al pueblito, Reta, donde vivían unas veinte personas. Les contaré algunas cosas más de las que escribí y otras que quedaron en el tintero en mi libro Reta, un espía en el Paraíso.

Taciturno, callado. Peor aún: hermético y gris. Así me describieron a Otto Müller, hace años, varios de los pioneros de Reta, algunos familiares míos. El tipo iba al almacén y bar que había sido de Santiago López y en ese momento era de mis abuelos maternos a comprar Fontanares -cigarrillos negros sin filtro- pan, huevos, té y poco más.
Por esas cuestiones que suceden sin que pueda entenderse el porqué, mi abuelo Pepe Fontan -gallego y comunista- no lo tragaba. Quizá lo presentía. Aurora, su mujer, lo levantaba en peso cada vez que el altísimo hombre dejaba el negocio frente a la plaza del Paraíso para irse a su ranchito. Una vez arregló la cocina a querosén del negocio. Quien sería mi mamá, Edith, y su hermana, Rosa Peregrina, estaban agradecidas: a ellas les tocaba cocinar.
Con la única persona del pueblo con que Müller conversaba «algo» era con Roque Bombassi. Resultaba raro ver al larguirucho en la calle. Extraía almejas para venderlas con un pesado carro cuyas ruedas de hierro macizo doné al Museo del Carromato, en el Paseo de las Palmeras; después desaparecía de la circulación. Una tarde, Bombassi quedó muy intrigado: lo vio pasar al final de la tarde, casi en la noche, con una damajuana envuelta en arpillera. Así se utilizaban para llevar combustible. Iba al Oeste, hacia la nada, caminando por la playa rumbo a quién sabe dónde. Esa percepción terminó desatando hechos que dieron pie a mi libro.

Quiero dejar algunas cosas en claro para quienes no leyeron Reta, un espía en el Paraíso.
●La primera e impactante noticia de la existencia de un «topo» nazi me la dio Tito Fernández, mi papá, a mis 15 años, después de un asado nocturno en nuestra casa de Bernal. Yo no podía creer lo que escuchaba.
●Se trata de una historia real.
●Con el tiempo entrevisté a los pioneros del pueblo con los que tuve, desde pibito, una entrañable relación.
●Uno por uno, los entrevistados confirmaron cómo habían ocurrido las cosas .
●Hubo dos desembarcos en Reta. Uno, quince días antes del final de la guerra, en la desembocadura del Río Quequén Salado. Otro, después de la derrota del Eje, frente al Médano Blanco, desde donde «Müller» recibía y despachaba señales luminosas hacia y desde barcos y submarinos que eran nazis o de países aliados a la Alemania de Hitler.

El inesperado suceso que ocurrió hace cuatro veranos cuándo comencé a vender el libro -no sólo en éste pueblito- ha sido tal que en 2025 debí publicar una nueva edición. Casi dos mil personas pueden dar su juicio acerca del libro. No hubo nadie que denostase su contenido. Mucha información periférica la intercambiamos con mi querido y admirado Jorge Camarasa, quizá el más avezado especialista en temas nazis en la Argentina, redactor del diario La Nación.
Un espía en el paraíso – El Periodista de Tres Arroyos (2023)
Una respuesta a “UN NAZI, EN RETA”