Foto: El incendio provocado por los alambradores.

Yo era algo más que un adolescente. Mis abuelos ya no tenían su chacra en Reta. Vine al Hotel San Sebastián y antes de llegar pasé por la casa de mis tíos Carlos Florentino Fernández y Cata Ada. El tío ya salía en un sulki a entregar la leche que ordeñaba todas las madrugadas. Dejé mi auto en su casa y fui con él. Recorrió aquél pueblito con muy pocos habitantes y dejó para el final a un señor italiano que vivía cerca de donde hoy está el Hotel Pergamino. Cuando llegamos, estaba quemando basura, ramas y hojas.
-«Tenga cuidado con el viento del Este» le dijo y el hombre le respondió:
-«Ma, estoy acostumbrado… no pasa nada».
No mucho después, el fuego se descontroló y arrasó los pinares entre el Paraíso y el Río Quequén Salado, 18 kilómetros hacia el Oeste del pueblo.
No quiero polemizar, discutir y mucho menos generar un entuerto que implique a los Bomberos Voluntarios de Reta, la entidad del pueblito que más me representa y de la que -junto a Marcelino Corral- fui miembro fundador y revisor de cuentas suplente.
Ayer recibí tres mensajes de texto en los que me decían que las llamas provocadas a la vera del puente que cruza el Arroyo El Gaucho era «un incendio controlado para alambrar».
Eso, desde que el gobernador Axel Kicillof puso en manos de la Policía de la Provincia y de Defensa Civil la responsabilidad de encausar actuaciones para sancionar a los causantes, es un delito. Máxime, porque en las cercanías hay viviendas habitadas y -además- está a tiro de piedra de la albúfera, «Área protegida» por ser un refugio natural de aves, peces y formas de vida silvestre.
La nietita de un amigo hace días tenía una congestión pulmonar de la que fue tratada en el Centro de Salud de Reta. El humo que motivó la quemazón obligó a la familia a abandonar su vivienda para no agravar su situación.