EL MAR DEL 24M (Por Daniel Fernández)

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Hacía mucho no iba al barco hundido a «ver» a mis viejos Edith y Angel Luis, y a mi hermano mayor, Abel. Allí volqué sus cenizas hace 17 años y aunque tengo prohibido caminar por la arena viva, allí voy en la medida que la salud me lo permite. Antes de tener el problema de columna que me obliga a caminar con bastón, iba de manera recurrente a estar con ellos. Hace un tiempito me llevó Eduardo Furfaro, vecino y amigo, en su arenero y esta mañana -después de estar jodido de salud- decidí ir a acompañarlos.

Pasaron muchas cosas en el último tiempo y quería contárselas. Entre ellas, el inicio del jardín de infantes maternal de la genial Maika Isabela Fernández, mi nietita de sólo dos años. El mar estaba tranquilo, calmo y había apenas una brisa. El viento soplaba tranquilo desde el océano y no se veía nada del carguero encallado en Reta hace unos 140 años, así que me senté en la arena y descargué angustias y conté cosas buenas; alguna hay. Estuve hasta que la atadura se deshizo y me sentí liberado.

Fui al Parador Reta Tequila Beach porque un matrimonio que construye su casa en el Paraíso, del que son habitués, quería conocerme. Charlamos, tomamos café y hablamos un largo rato de amigos en común, de cosas qué nos unen y de mis libros. Reta tiene el privilegio de hacerme volar y devolverme a tierra.

Ayer fue una de esas fechas que desunen todavía peor. Otra grieta más, por si hiciera falta, esta vez entre los partidarios de la pretendida izquierda peronista, un partido creado por alguien de ultra derecha (¿recuerdan el «estúpidos imberbes»?) y quienes reivindican a la genocida dictadura militar. ¡Qué país tenemos!


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