INFANCIAS OBRERAS EN EL VIDRIO

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Por Nicolás Avendaño

De cómo Rigolleau creció explotando a niños

La protección de las infancias y la invención social de la niñez se articulan en su genealogía desde el nacimiento de la pedagogía moderna, la formación de los Estados Nacionales y una diversidad de corrientes político-ideológicos nacidas en el siglo XIX, que variaban en sus métodos, se disputaban la hegemonía sobre la formación de las infancias y su lugar en el futuro de una sociedad que iba desde la conservadora hasta la revolucionaria.

En Argentina, la infancia como concepto nace asociado a la escuela pública y al control estatal sobre la “la barbarie” y los emergentes “juguetes rabiosos” de una población obrera, urbana o rural, en expansión de mayoría inmigrante, sin cuestionarse las condiciones de vida de esas infancias solo dirigiendo –como indicaba el pensamiento sarmientino– su adaptación al medio social, sin cuestionarlo.

Todo ese debate incipiente y preocupaciones sociales se expanden en lo que conocemos como conurbano, espacio social que fue el terreno de muchas batallas ideológicas, asambleas vecinales y enfrentamientos con el Estado y los patrones sobre las condiciones de vida de las infancias. En dicha construcción Berazategui tendrá visibilidad nacional y provincial tomando estado público con las denuncias parlamentarias de los diputados comprometidos con esa causa, así como la existencia de corrientes pedagógicas alternativas que en sus órganos de difusión describen esas infancias obreras y realizan un desarrollo territorial amplio proponiendo otro modelo de conocimiento para transformar el mundo social y el del incipiente Estado Argentino.

La sociedad de oficios varios y la escuela del niño obrero

1913 fue un año crucial en la relación entre obreros y patrones en Berazategui, eclosionando con sus acciones los debates teóricos que se daban en la sociedad por parte de los trabajadores. Desde agosto hasta octubre, se desarrolló un conflicto en la cristalería que derivó en una huelga nacional donde se unieron varias luchas y reivindicaciones de diferentes gremios y lugares del país luego de una gran represión antihuelga en los festejos de la oligarquía argentina en el bicentenario, boicoteado por los anarquistas.

En Berazategui, el conflicto se inició pensando en los niños obreros y sus madres. La asamblea de afiliados de la FORA del domingo 10 de agosto ponía en debate el temario que reflejaba la mayor preocupación de los trabajadores: “abusos que se cometen contra el personal de la fábrica especialmente mujeres y niños” (La Protesta, domingo 10 de agosto de 1913).

Este orden del día para debatir en asamblea nació de la preocupación creciente sobre la infancia y las cuestiones de género. El espacio de la sociedad de oficios varios estaba pensado para esos debates obreros y para el desarrollo de otra opción pedagógica que no fuera la escuela normal estatal, sino para una infancia formada para transformar su condición de explotados. Ese año, cuando el 6 de abril se fundó la sociedad de oficios varios, se formuló una declaración fundacional a tales fines:

“Con el título Sol de Mayo se constituye en la localidad de Berazategui una sociedad de resistencia de oficios varios que tiene como objeto procurar como el mejoramiento material y moral de sus asociados, favorecer el cultivo intelectual, teniendo como finalidad la completa emancipación del proletariado”.

Cuando el 1° de mayo de 1914 se inauguró la casa del pueblo de la sociedad de resistencia adherida a la FORA, asistieron delegados de la escuela racionalista, con el claro objetivo de desembarcar en el territorio otra opción pedagógica. Julio Barcos y Emiliano Carulla fueron dos de los oradores en la inauguración, quienes ya eran autoridades pedagógicas de la escuela racionalista para Argentina.

La escuela racionalista, basada en la experiencia española de Francisco Ferrer, fundaba su enseñanza en la razón, la ciencia, la experiencia como método de aprendizaje de los niños, introduciendo el teatro, la literatura contemporánea, aprendizaje de artes y oficios, higiene sexual y el esperanto como idioma universal entre sus contenidos, incorporando tecnología innovadora como el proyector de cine. Era una escuela que incluía entre sus programas debates que aún en siglo XXI continúan en tensiones ideológicas como el de la higiene sexual (¿ESI?). En este sentido la revista “La escuela popular” en su N° 16 publicaba el artículo “Trabajos para la implementación de una escuela: la liga y los obreros de Berazategui”, que describía a un pueblo movilizado:

“La sociedad de oficios varios, del vecino pueblo de Berazategui, que desde algún tiempo da muestras de una intensa vitalidad, en su afán tesonero de educarse ha proyectado anexarle una escuela”.

La nota continuaba en una discusión entre los afiliados y la liga racionalista por la cuota escolar que termina resolviéndose para la instauración de la escuela, la cual nunca entra en actividad por ser perseguidos con dureza los maestros de la liga y destruidas sus imprentas para la elaboración de la revista de divulgación pedagógica. Esa fugaz pero intensa búsqueda de una educación de calidad da cuenta de una mirada sobre las infancias por parte de las familias obreras dispuestas a crear un espacio de aprendizaje para sus hijos y los niños del pueblo de incipiente industria.

Volviendo a la usina, ese movimiento social que se generaba en el pueblo y los debates sobre la infancia no preocupaban en absoluto a los Rigolleau y sus socios, como Otto Bemberg, que aún no entraban en su fase histórica de “benefactores de la ciudad” o de paternalistas industriales. Por eso, ante una nueva asamblea de afiliados a la Sociedad de Resistencia, el 9 de septiembre de 1913, los Rigolleau enviaron a un infiltrado, reconocido como “vigilante” por un niño obrero de 13 años apodado Cachirla. El infiltrado abofeteó al niño y la huelga se declaró desde ese día; por más de un mes, con enfrentamientos armados, estado de sitio en el pueblo y una represión desde la provincia con ayuda de jueces, embajadores e incluso con el funcionamiento de la fábrica como cárcel clandestina. Este niño y su madre fueron retratados en la revista Caras y caretas y el país empezó a conocer qué pasaba en Berazategui con los Rigolleau.

Caras y caretas

La fábrica del vidrio: un inferno en miniatura

En las fábricas del vidrio (un infierno en miniatura) los niños sufrían lo indecible. Afortunadamente las principales fábricas del vidrio han salido ya de la ciudad de Buenos Aires, para ir a instalarse fuera de ella”

Alejandro Unsain, revista Educación Popular, Nº 7, “De la escuela a la fábrica”

La cita escrita por Unsain en la revista de educación dirigida por pedagogos anarquistas que incluía diferentes voces de los debates socioeducativos dentro de la corriente escolanovista o escuela nueva en Argentina, responde a su interés sobre el mundo del trabajo en donde la industria del vidrio representa una de las principales preocupaciones en el pensamiento jurídico nacional. Formado como profesional con Joaquín V. González elaboran en conjunto la ley de educación de trabajo 5291 en 1904, que se reglamentará en 1908.

Establecía en su artículo 18, inciso 10, sobre la industria del vidrio:

“Queda absolutamente prohibido el trabajo de menores de 16 años y mujeres en las siguientes industrias: 10) vidrierías, cristales y espejos: en el sopleo sin uso de boquilla, en las secciones de trituración y pulido en seco”.

La prohibición de la ley de trabajo en esos sectores de la industria para menores y mujeres fue parte de las razones por las cuales, en 1908, Rigolleau apuró la obra de la usina de Berazategui para trasladarse. Las leyes nacionales no se aplicaban en la provincia de Buenos Aires como al parecer reconoce Unsain al decir “afortunadamente las principales fabricas del vidrio han salido de Buenos aires para instalarse fuera de ella”, como si la ley nacional no tuviera jurisprudencia sobre un naciente conurbano al que le estaban otorgando desde el Estado nacional la posibilidad de actuar por fuera de la ley sin que las sanciones alcanzaran a los patrones del otro lado del Riachuelo.

El socialismo y la primera ley provincial del trabajo de los menores

“He visto, señor, en las fábricas de vidrios de Berazategui, tiernas criaturas de ocho años trabajando sin piedad al lado de los altos hornos, en donde se queman su espíritu, haciéndolo inapto para todo progreso social”

Adolfo Dickman, exposición en la cámara de diputados Bonaerenses, 29 de mayo de 1914

El “dejar hacer” del Estado nacional sobre el naciente conurbano a los caballeros de la industria no tuvo en cuenta el emergente posible de resistencias más o menos organizadas que surgirían del seno de los vecinos o de organizaciones que otorgaran mayor visibilidad y herramientas a esos pobladores.

Si se hiciera un mapeo político-ideológico de lo que hasta 1914 era el partido de Quilmes, se encontraría que su cabecera sería siempre un enclave conservador con un lento, pero continuo, traslado hacia el radicalismo, más llegando a 1916. Pero hasta 1914 la disputa con el avance socialista era una realidad y daba la sensación de que el Socialismo iba a disputar la Intendencia. Sus continuos mítines en la ciudad, las denuncias sobre las condiciones institucionales y materiales, así como las acciones represivas sobre sus militantes, son muestras de una disputa abierta por la vía democrática sobre esta ciudad.

Berazategui, un pueblo de la frontera agrícola hasta la llegada de Rigolleau sin tradiciones políticas que actuaran sobre el territorio, pasó a ser un pueblo de mucha actividad anarquista hasta al menos 1925, fue la forma de resistencia que más organizó desde lo político a la incipiente comunidad obrera llegada con la industria moderna. Y Ezpeleta, que pareciera un espacio vacío entre dos ciudades muy activas, fue el lugar que “resguardaba” a los trabajadores cuando la posibilidad de reunión de obreros y vecinos en conflicto con los poderes locales necesitaban deliberar o pensar acciones y decidirlo en grandes asambleas. Los terrenos que están en el fondo de lo que es el cementerio de Ezpeleta eran puntos ciegos para el Estado y el lugar de reuniones clandestinas de obreros anarquistas y socialistas en sus conflictos con Rigolleau y la Cervecería.

Esta radiografía permite ver con más perspectiva las ideas que circulaban por la zona y cómo las infancias empezaron a tener visibilidad, a partir de que el socialismo llevó las denuncias al congreso provincial. Las encabezó Alfredo Dickman, doctor especializado en niños y mujeres, cuñado de Juan B. Justo y militante con profundo conocimiento del conurbano, luego de caminar Zárate, Varela, Avellaneda y Berazategui, escribió en su órgano partidario La Vanguardia sobre acefalías municipales, situación de los vendedores ambulantes, el divorcio y el analfabetismo. La recolección de historias de explotación –de género, laborales o institucionales–posibilitó su elección como diputado provincial. Desde su banca, entre mayo y junio de 1914, llevó adelante la primera ley provincial para el resguardo de mujeres y niños obreros. Expuso:

“Ha ocurrido también que algunos industriales, con el fin de liberarse de las exigencias de la ley, han trasladado sus establecimientos a Avellaneda, conservando en su mayoría el personal que tenían, el cual, por estas circunstancias se ha encontrado falto de la protección legal que antes gozaba, sin obtener en cambio ninguna ventaja o compensación”.

Esta descripción, que pasó a dar un marco general de la falta de regulación de la ley nacional sobre el conurbano industrial, incluía a los Rigolleau, que apuraron su llegada a Berazategui en 1909.

“Separada Avellaneda de la Capital por un charco de agua sucia, que muchas veces, en nuestra historia, ha constituido una separación ilimitada, para nosotros y para la realidad de las cosas esta separación no existe”.

La denuncia explicaba lo obvio, el conurbano estaba dentro del Estado nacional, aunque al libre comercio no le interesara la ley y el Estado lo dejara hacer.

En ese marco denunciaba la explotación en Rigolleau:

“He visto, señor, en la fábrica de vidrio de Berazategui tiernas criaturas de ochos años trabajando sin piedad al lado de los altos hornos, en donde se queman sus cuerpos y su espíritu, haciéndolo inapto para todo progreso social”.

Ante la imposibilidad de otros legisladores de negar con hechos esta situación en la provincia, se sanciona en junio de 1914 la ley para crear el Departamento de Trabajo y Previsión Social dependiente del Ministerio de Hacienda, que empezó a funcionar y legislar recién en 1917 con Dickman entre sus funcionarios. La ley nacional debía ser aplicada. Tal vez esta situación inició la trasformación de un Rigolleau explotador a un benefactor social, no por convicción sino como conveniencia de un capitalismo más fordista que permitiera regular y controlar la efervescencia política desatada después de 1913 entre los pobladores y las organizaciones políticas anti statu quo.

El asistencialismo estatal de Atanasio Lanz

Para la historia oficial local, la familia Lanz implicó el origen de la escuela pública, el padre de la historiografía y el símbolo de las infancias custodiadas por el Estado. Contemporáneo de los debates sobre educación, trabajo infantil y situación de las infancias en Rigolleau, sólo escribió crónicas e historias romantizadas, excluyendo hechos de público conocimiento nacionales y provinciales ocurridas en Berazategui; describía una sociedad sin luchas, sin contradicciones entre progreso social y educación.

Si bien su labor como maestro fue indiscutible (por los métodos de lecto-escritura, por la construcción de la ciudadanía patriótica, por el uso de tecnología y el trabajo innovador en el aula) su vínculo a las infancias solo se redujo al aula, no a su contexto social.

Sólo una preocupación iba a incluir como parte de la agenda social en las escuelas: la taza de té. En 1911 ascendió a inspector por su iniciativa “la taza de té con leche”. Para su implementación en la actual Primaria Nº 1 ayudaron las familias más acomodadas de la región: los Otamendi y los Pereyra entre otros. A su vez organizaron un festival en Quilmes para juntar más fondos y contrataron una cocinera para el cargo al que hoy llamaríamos portera. Al final del evento, declaró:

“Hacen falta estas instituciones para niños ricos y pobres, a los primeros por su oportunidad a los segundos, por razones de necesidad alimenticia”

Atanasio Antonio Lanz

Esta escuela pensada para la conciliación de clases y armonía social, con rasgos pastorales y asistencialistas buscó tal vez actuar como válvula de escape para la efervescencia social que estaba dando vueltas por la región y armar con la asistencia benéfica una imagen de las infancias más protegidas sin tocar la raíz social local de esas desigualdades.

Lanz

El Berazategui liberland que no fue

El resquebrajamiento del orden conservador y la llegada de reformistas como Sáenz Peña que iniciaron la democracia de masas en Argentina fueron el resultado de esos micro movimientos obreros en todo el territorio argentino. Es el reclamo de participación en la educación, en nuevas perspectivas pedagógicas, en miradas sobre la vulnerabilidad social y espacios que organizan estas ideas y confluyen en leyes o huelgas de una intensidad que obliga a generar dispositivos sociales de descompresión social ante tal efervescencia creciente. Las bases del orden conservador empezaron a derrumbarse por los obreros, las mujeres, los aprendices, los maestros, los diputados del pueblo y sindicalistas.

Rigolleau transitará por entonces su transformación hacia un paternalismo industrial en busca de cercanía y paz social con el pueblo de Berazategui, olvidando aquellos años en donde había elegido a este territorio por tener (como afirmaba el legislador Unsain al alegrarse de que las industrias explotadoras de niños se fueran de la Capital) la capacidad de no ser vigilado por el Estado.

En 1908, luego de una pequeña huelga en la vieja usina de la calle Belgrano, afirmaba que “había avisado a los obreros que cuando estuvieran en Berazategui tendrían que forzosamente trabajar día y noche”, advirtiendo cuáles eran las nuevas condiciones de contratación. Cuando el 1° de enero de 1909 se puso en funcionamiento la fábrica en Berazategui ejecutó esa cláusula, pero sólo hasta que obreros anarquistas y diputados socialistas lo permitieron. El relato periodístico de tirada nacional y regional, el relato en sesiones de diputados sobre las condiciones de trabajo en la cristalería desprestigió a esta sociedad entre los Rigolleau y Bemberg, anulando ese contrato fundacional.

Hoy

En momentos actuales en que se debaten leyes que retrasan derechos obreros, es vital repensar estos orígenes de la ciudad y el conurbano. Del modelo actual autodenominado libertario que parece novedoso y del siglo XXI (al menos así se presenta) su mayor teórico, Murray Rothbard, planteaba en 1970 la visión de Liberland o territorios “libres” como ciudades-estados con humanos nómades yendo de ciudad en ciudad prestando servicios a CEOS, donde no hay política sino reglas, sin legislación, pero con justicia y sistema tributario propios que haría posible el sueño de libertad económica. Un poco menos elaborado, pero en la misma dirección, los liberales del siglo XIX soñaban con la libre explotación, base de sus privilegios. Los Rigolleau entraban en esta caracterización. La fundación industrial local tuvo tal idea como motor productivo, pero estuvo en la resistencia obrera, pedagógica y democrática la herramienta para que dicha historia se revirtiera y no fuera el mundo distópico que nos proponen hablando de libertad.


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