
Caminatas De Otoño
Hace una década, Grahan Allison reflotó el concepto de Tucídides; a él remiten algunos más versados hace lustros para describir la actual coyuntura histórica. En mi caso, desde hace veinte años cuando empezamos la investigación sobre los bombardeos de junio, apareció con claridad que hace ochenta años también atravesábamos un periodo de transición en la hegemonía imperial dominante, pero aquella vez los yanquis eran los que disputaban el hegemon a los británicos, fue al final de la Segunda gran guerra occidental del siglo XX y nuestro país estaba gobernado por quien tenía claro que, al decir de don Arturo Jauretche, no se trataba de cambiar de collar sino de dejar de ser perro.
Los pactos internacionales donde los ganadores se dividieron el mundo, fueron un acuerdo de caballeros, tales que si se sumaba el Quijote de Cervantes los hubiera confundido con molinos, pero dejaron intersticios geopolíticos que la Argentina de Juan Perón supo aprovechar, profundizando la política de sustitución de importaciones generando la mayor distribución de riqueza de nuestra historia, plasmada en la Constitución del ‘49, este nuevo plexo normativo generó el golpe. La despectiva frase eurocentrista «cualquier negro tiene heladera», esgrimida por las capas medias invadidas por el acceso al bienestar de los cabecitas, la abolición de esa Constitución –repito– fue el objetivo de los bombardeadores.
Mientras presentábamos la investigación en distintos sitios, nos preguntaban quién había impulsado el golpe. Como mucho, colectamos prueba de unas grabaciones en inglés donde en alta mar se supone se proveía de armas a los marinos golpistas.
La Iglesia fue el aglutinante; la marcha de Corpus Cristi del 11 de junio lo dejó expuesto. Allí marcharon, conservadores, radicales, socialistas, comunistas, masones cristianos… La biblia y el calefón, diría Discepolín.
Aprendí en las leyes reparatorias, que cuando una persona está detenida bajo dependencia del Estado, éste es responsable de su bienestar. Si a alguien con antecedentes cardíacos se lo envía a una prisión en Ushuaia o no se lo provee de abrigo ni comidas calientes, lo más probable es que sus dolencias se agraven hasta la muerte. Eso fue lo que hicieron los administradores del poder judicial y los carceleros de la bombardeadora con el general Juan Pistarini. Tuve en mis manos el expediente. Allí decía que había fallecido el 29 de mayo de 1956.
El mismo asesinato por goteo sufrió Oscar Nicolini. En su caso, no sólo estudié el expediente sino que tuve el testimonio de su hija, Ema. Mis lectores recordarán la anécdota en que Ema describió “nos robaron hasta el perro”. Nicolini, amigo de Evita, ministro de Comunicaciones, cedió uno de los pisos de lo que hoy es el Centro Cultural Kirchner, para que allí trabajara.
El objetivo de aquel junio de ‘55, era derribar al gobierno constitucional que logró volcar en la Constitución de 1949, derechos sociales, económicos y culturales que el campo oligárquico imperialista nunca aceptó cualquier coincidencia con el presente que un vendedor de feria ofrece a precios de ganga bienes que no son suyos con la complicidad de los actuales administradores judiciales; el reducidor, con la misma soberbia que aquel juez nombrado por la dictadura del ’55 que se dio el lujo de dejar su cargo a los 97 años.
Volviendo al reparto del mundo, debemos reconocer que, si se comparan aquellos personajes de la historia con los Trump de hoy, queda claro, sobre todo después de la guerra de yanquis e israelitas contra Irán, que los estadistas no están en occidente. A diferencia de la mitad del siglo pasado hoy se sienta a la mesa un pueblo con una cultura milenaria sin urgencias ya anunciaron que iban a tomar el trono cuando se cumpliera un siglo de la larga marcha.
Faltan 23.
Y hace 71 años los dos imperios en disputa coincidían en algo: Si el proyecto de justicia social del peronismo se extendía por América, se quedaban sin proveedor. Temían el contagio en el patio trasero.
Bombas, Cárcel, Persecusión,
Fusilamientos, Desapariciones,
Expoliación, Dictaduras militares.
El nieto del fusilador de junio en los basurales, Desiderio Fernández Suárez, fue designado embajador en México. Cuando decimos que hoy gobiernan los nietos e hijos de los genocidas del ‘55, no es metáfora. Parece que los infames vendepatrias, en su inmensa ignorancia y cobardía, sólo pretenden ser colonia; ya no hacen falta tanques en la calle, alcanza con los administradores del poder judicial.
Alguna vez dije que si Troya hubiese sido Argentina no era necesario el caballo; acá siempre hubo serviles que le abrieron la puerta al invasor.