Primer mesario de la muerte del intendente

Juan José Mussi no generó ni un intelectual capaz de explicarlo ni de ofrecerle una síntesis superadora de sus contradicciones. ¿Alguien podrá corregir ese vacío?
En las últimas décadas, a la hora de construir discurso argumentativo, debió hacerlo solo; había dejado de contar con cuadros pensantes, ya porque nunca quisieron sumarse (Toto Mussio), ya por abandono (Mario Giacobbe), por fallecimiento (Oscar Arrondo) o porque fueron cooptados hasta su domesticación.

Esos espacios fueron llenados por la prensa, con Jorge Tronqui (desde 1989), a veces Alberto Sabini; otras, Jorge Leal. No conozco más distritos con periodistas tan protagónicos, los que con sus idas y vueltas, matizaron sus ponderaciones con críticas que ayudaron tanto a cuidar la propia dignidad como a mejorarle la gestión al municipio.

Aunque hubo otros que ya no están, ni a unos ni a otros Mussi les agradeció en público (salvo en el día del periodista). Hizo una excepción en su último discurso, el más importante de la carrera de un intendente, el de asunción ante el Concejo Deliberante, en un diciembre como éste, hace dos años:
“Tenemos a un señor que sigue escribiendo libros, que no se explica por qué nos votan. Ustedes lo conocen. Se llama ‘Y todavía lo votan’... así es el título del libro”.
No necesitó nombrarme. Cuando los asistentes saturaron mi celular con mensajes busqué el video; allí hablaba también de su vejez… «viejo es el viento, pero sopla» (56′):
Como no le contesté (abocado a mi trabajo en un medio nacional, trataba de superar el chiquitaje local), recibí reproches de mis lectores, que pretendían que siguiera dotándolos con argumentos de oposición. En lugar de eso, busqué reflexionar con la sabiduría de la que carezco o con la madurez que intento cultivar.

Me preguntaba qué llevaba a un octogenario inteligente a distraerse con alguien menor, cuando siempre había mirado desde arriba, amo y señor del distrito; con incidencia en las oposiciones locales, donde mandaba votar a militantes con doble afiliación, a quienes les financiaba las internas o los cooptaba tras asumir como concejales. Ese conductor que encabezó la sección electoral más poblada del país; vicepresidente de un foro de intendentes e influyente en la FAM; directivo provincial del mayor partido político; dos veces secretario del Estado nacional parecía tener menos roce con la ironía que la profesada por los hombres de prensa:

Mussi cultivó la paciencia con sus competidores, hasta que cada uno sumó su réquiem: Desde Hugo Guerrieri, quien había armado el proceso destitutorio en 1989 a partir de la causa por corrupción con la compra de materiales para hacer las veredas comunitarias, hasta Roberto Mata Rodríguez, que junto a Tito Geneiro casi lo desplazaron con las internas del PJ en 2003.

También contó con la despedida de Máximo Kirchner, pese a que nunca quiso abrirle espacios a La Cámpora (donde metió gente suya); o Felipe Solá, que lo había echado del Ministerio de Salud (2002).


Mussi había accedido a aquel puesto provincial hacia abril de 1994, días antes del funeral de Richard Nixon, al que asistieron los cuatro mandatarios yanquis vivos además del presidente Bill Clinton, quien pidió que se evaluara el legado integral del fallecido, en pos de reconocer sus contribuciones junto con lo malo que hizo.
Los políticos locales se quedaron con la primera parte, limitados a repetir loas previsibles.
Es que el intendente deseaba haber superado los enfrentamientos; en una de sus últimas entrevistas, por FM Cristal, negó tener adversarios; pero ante la insistencia de Jorge Leal, por fin reconoció a dos: El primero era Ernesto Salgado, por su condición de político y dirigente social, según recordó este ex concejal en una charla que me invitaron a dar en 2024.
Al final, admitió:
“El otro es un idealista, Alberto Moya”.
Lo que son las vueltas de la vida: En el final de sus días, vengo a darle la razón.
Un aporte intelectual al conocimiento de la historia reciente:

Muy buena nota
Muy buena nota, pero ese viento seguirá soplando mientras se lo difunda …
Moya, lo sobreviviste sin agachar la cabeza.
Igual, Moya, nos gustaría un poco más de oposición, eh.
Tal vez no sea momento.
Esperemos a ver al cojo andar. Aunque ya empezaron a repetir costumbres, parece que no pueden cambiar para mejor.