UN AÑO SIN GUSTAVO PULIDO

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A doce meses de su partida, los Círculos de la Prensa y de Periodistas colocaron una placa en su memoria en el cementerio parque de Berazategui. Allí, su compañero de trabajo, Eduardo Gómez, leyó este discurso:

Hoy, en el Día del Periodista, estamos aquí no sólo para celebrar nuestra vocación, sino también para rendir homenaje a un colega, un amigo y un hermano que dejó una huella imborrable en todos nosotros: Gustavo Pulido.

El pasado 16 de mayo se cumplió un año de su partida, y aunque su ausencia duele, su legado sigue más vivo que nunca. Gustavo no fue solo un periodista comprometido, fue también un constructor de puentes. Supo ver más allá de las diferencias, entendió que la verdadera fortaleza del periodismo está en la unión, en el trabajo colectivo, en sostenernos entre colegas para defender una profesión que muchas veces es incomprendida y subestimada.

Gracias a su empuje, a su visión y a su generosidad, el Círculo volvió a reunirse. Nos reencontramos como grupo, nos redescubrimos como compañeros, y empezamos a construir juntos lo que él soñaba: una comunidad de periodistas unida, solidaria, con objetivos comunes.

Hoy colocamos una placa en su memoria. No es sólo un gesto simbólico: es una manera de decir que su ejemplo perdura, que su voz no se apagó, y que su mensaje —el de la unidad, el compromiso y el amor por el oficio— sigue guiándonos.

Gracias, Gustavo, por habernos enseñado que juntos, siempre, somos más fuertes.

Más allá del homenaje público, siento la necesidad de hablar desde lo personal. Porque Gustavo no fue solo un colega valioso, fue quien me introdujo en el mundo del periodismo. Tuvimos una primera aventura en la radio; luego, en streaming. Entrevistamos a personas increíbles, que jamás imaginé tener enfrente. Fue él quien me animó a preguntar, a hablar, a salir al aire. Yo dudaba, él me empujó con seguridad y afecto.

Todo eso lo hicimos con alegría. Compartimos mates, nos reímos, disfrutamos del estudio y de cada programa que hacíamos. Fue una etapa inolvidable, en la que crecí mucho como profesional, pero sobre todo como persona, gracias a su acompañamiento.

En lo privado, Gustavo fue un gran consejero. Siempre tenía una palabra de aliento, una sugerencia, una idea. Siempre estaba pensando cómo hacerme crecer, incluso en otros ámbitos. Esa generosidad no era sólo conmigo: era su forma de ser con todos. Una persona sin egoísmos, con una sinceridad absoluta, siempre predispuesta, siempre lista para ayudarte, para escucharte, para impulsarte.

Hoy lo recordamos desde el periodismo, pero también desde el afecto profundo. Todos los que lo conocimos en Berazategui, Varela, Quilmes y tantos otros lugares donde dejó su huella, sabemos que no se fue del todo. Porque una persona así, no se olvida. Porque fue un verdadero periodista; también una magnífica persona. Su legado, tanto profesional como humano, seguirá en cada cosa que hagamos.

Gustavo también fue el creador de un programa de becas al que tengo el honor de seguir acompañando desde la vicepresidencia: la Asociación Civil Educadamente. Esa fue una de sus tantas ideas para transformar, sembrar, construir un mundo mejor. Seguimos haciéndolo, porque creemos —como él creía— que otra realidad es posible cuando hay compromiso, amor y comunidad.

Gracias, Gustavo. Por tanto. Por todo. Por siempre.

Eduardo Gómez

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