MOYA, EN EL CASO CABEZAS (A 25 AÑOS)

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Foto: Moya espera su turno en los estudios de América TV para relatar qué pasaba en Berazategui.

El crimen del fotoperiodista José Luis Cabezas, que cambió el rumbo de la política argentina, tuvo lazos con comisarios de Berazategui y Quilmes. Sobre tales conexiones trabajó nuestro editor, Alberto Moya, quien fue consultado por la TV porteña en el programa más visto de la época y fue el único periodista local en cubrir el juicio desde Dolores.

Por eso, a un cuarto de siglo, se reproducen estas notas que no relatan el caso (de por sí muy conocido) sino la mirada local a partir de los vínculos con esta zona. Para empezar, un resumen en esta entrevista radial de hace una década:

Entrevista radial a Moya

Entrevistado por Mauro Viale

Ya desde el primer mes posterior al crimen había debido salir a hablar acerca del caso. Lo hizo invitado en el programa de Mauro Viale:

Viale entrevista a un testigo oculto. En primer plano, de espaldas, el hombre de Berazategui que se parecía al identikit del que habría merodeado la casa de Andreani antes del secuestro de Cabezas; con quien, al final, no tenía nada que ver. El verdadero sospechoso era otro de cara cuadrada, Carlos Stoghe, policía de Varela. Pero por esos días, la prensa nacional requirió de Moya para clarificar quién es quién en Berazategui.

Cómo se dio su aparición en TV

En tapa del domingo 23 de febrero, a un mes del crimen de Cabezas, el periodista Horacio Verbitsky publicó:

Página/12 revela la estremecedora información que ni Duhalde se animó a contarle al juez: la policía investiga a un custodio de Menem de notable parecido con el identikit de uno de los sospechosos por el asesinato de Cabezas”.

Así lo recuerda Moya:

Ese día, junto al colega Augusto Macario, habíamos ido a entrevistar a Norma Kennedy, quien dormía en el cementerio de la Chacarita, junto a las tumbas de Perón y Evita. Cuando salimos del subte, vi colgada de un kiosco el diario con la foto en primer plano del jefe político de nuestra ciudad junto a Carlos Menem. Una flecha señalaba al hombre que estaba detrás: ‘El Cabezón’, decía.
Lo reconocí; trabajaba en el Concejo Deliberante (HCD) de Berazategui. Llamé a su jefe, pero sus teléfonos estaban apagados.
Al día siguiente, hablé con el colega Adrián Di Nucci, de Quilmes, quien me pidió detalles de qué pasaba.
Le conté. El Cabezón anda siempre junto a Argentino Geneiro (sindicalista encumbrado junto a Luis Barrionuevo); todos menemistas. Están enfrentados en Berazategui contra Juan José Mussi, ministro de Salud de Duhalde. Por eso, Mussi le dio al gobernador la foto que –seguro– le dio también a Página/12. Así, Mussi gana por partida doble. Debilitaba a un competidor local y, de paso, le daba a su jefe provincial un elemento para la interna contra Menem”.
Adrián Di Nucci, que trabajó con Guillermo Cánepa y otros vinculados a Mauro Viale, (luego, habría de colaborar con la revista de Jorge Lanata), pasó mi informe a la producción de América TV y les habló bien de mí como periodista, por lo que siempre le agradecí.
Al rato, me llamó Mauro Viale para preguntarme si me animaba a decir todo eso en la TV. Ante la condición que puse de que no me mezclaran con los travestis ni los frívolos sin relación (ni altura) con el caso Cabezas, aceptó y me citó para el día siguiente”.

Para ese martes 25 al mediodía, cuando se cumplía un mes del crimen, Viale consiguió al taxista “Marcelo”, quien se puso unos lentes negros y, de espaldas a la cámara, dijo que había llevado ‘al Cabezón de cara cuadrada’, el 2 de febrero, desde Retiro a Buquebús.

Luego, de pie, Mauro Viale habló con «el Cabezón», quien negó tanto las acusaciones como el viaje. Mauro paró entre medio a Georgina Barbarrosa de modo que auscultara al entrevistado y le dijera si le parecía sincero. La buena de Georgina no halló nada que objetar.

La tercera parte fue la entrevista a Moya quien, sentado a la mesa, exhibió los periódicos locales en los que había publicado notas en las que denunciaba a la Policía Bonaerense; describió la situación política de Berazategui y explicó porqué Mussi le dio a Duhalde un dato que apuntaba a “un ex custodio de Menem”. Al engramparlo con el caso Cabezas, el ministro mataba dos pájaros de un tiro: debilitaba a un competidor local y, de paso, le daba a su jefe provincial un elemento que le servía para la interna que ya tenía contra el presidente.
Cuando terminaba el bloque, Moya cerró:

El informe de la nota de Horacio Verbitsky lo hizo Lilia Ferreyra. Habría que preguntarle –no va a decirlo– pero habría que preguntarle si la información no se la dieron en el Ministerio de Salud Bonaerense”.

Viale miró a cámara, apretó los labios en silencio y mandó al corte.

Para el final del programa, llegó a estudios la hermana de José Luis, Gladys Cabezas, ante quien Moya fue invitado para una improvisada conferencia de prensa (video en VHS). Después de salir de estudios, partieron todos hacia la movilización de repudio hacia la Casa Rosada.

Georgina Barbarrosa, (parte de la programación de América), a quien Viale sumó para preguntarle qué pensaba de su entrevistado de Berazategui.

La viuda de Walsh

Lilia Ferreyra, la viuda de Rodolfo Walsh, había estado en Berazategui como parte de su rueda de consultas para esa nota. Así, pasó por el periódico La Palabra (cuyo director, Miguel Gaíta, era/es Directivo de ADEPA). Allí habló con el Jefe de Redacción, Carlos ‘Tati’ Iglesias (el mejor periodista de la región, según sus colegas, ex redactor de los diarios La Razón, El Sol y Popular). Tati le dijo a la viuda de Walsh:

El que más sabe de estas cosas es el pibe Moya, anote su teléfono”.

Días después, el periódico La Palabra publicó un recuadro en el que recordaba que Moya no formaba parte ya de su Redacción. En efecto, Moya había sido convocado para hacer el periódico Decisión, de Alberto Sabini (ex director de la radio de La Palabra) quien se ocuparía de la FM Del Este.

Cuando salí del canal –recuerda Moya– llamé a Sabini, quien advirtió:
–No vengas por Berazategui.
Era una recomendación atendible; ya me habían fajado en 1995 y 1996. Corría 1997. Había sido Sabini también quien me confió el sarcasmo con que se regodeaban en la oficina de prensa municipal cuando, después del crimen de Cabezas, deslizaban:
–Bueno, ahora que se cuide Moya, eh.
Pero el jueves 27 dejé de esconderme. Fui al bar Moro donde nos juntábamos los periodistas y me senté junto a la vitrina que da a la principal avenida. Desconocidos me sonreían y saludaban como si fuera de la familia. Ahí me vio el colega Rodolfo Estequín, de buenas relaciones con el mussismo.
–¿Que hacés?
–Me exhibo. Así los chupa-mussi saben dónde encontrarme. Si tienen que pegarme otra vez, resolvámoslo rápido.
–¡No! No van a hacerte nada. Ya lo hablaron. Dicen que si te tocan, vas a ir otra vez a la tele a mandarte la parte y hacerte ver, jaja.
En efecto, esta vez no me pegaron”.

Donde sí le pegaron fue en El Sol, vocero de los intereses de Mussi. Todo un recuadro para Moya, por denunciar que Mussi sembraba pistas falsas en el caso Cabezas. El diario oficialista consideró a este «personaje» como «lamentable«, en negrita y subrayado.
Pero si no te pidieron tanto«, diría Jacobo Timerman).

Esta es la sucesión de notas de El Sol, con una notable tendencia a poner siempre a «Duhalde» como sujeto de la oración en el título:

¿Qué pasó luego?

No obstante, el escándalo continuó. El «Cabezón» debió declarar ante el juez José Luis Macchi, que no encontró motivos para detenerlo ni procesarlo; tal como Moya había adelantado.
No obstante, el tema llegó al Congreso, donde la diputada nacional Cristina Zuccardi presentó un pedido de informes.
Fuente: Diario El Sol, viernes 14 de marzo de 1997, pp 4.

Mussi fue al programa de Mauro Viale (el más visto de la TV en ese entonces, que venía de altos picos de audiencia con las tres chifladas del caso Cóppola –Samantha Farjat, Julieta Lavalle y Natalia De Negri–) a hablar de su maravillosa gestión. Mientras era entrevistado a solas en los estudios, las cámaras enfocaron a un grupo de seguidores que lo vivaban desde la calle. Viale no repreguntó y se mostró muy condescendiente.
Días después, el periódico La Palabra publicó en la sección ‘Tres al cierre’, de la contratapa, que todo había sido arreglado por ‘cincuenta lucas’.
-“¿Viste, Moya? Al final, pusiste la cara gratis y la guita se la llevó el otro”, me gastaba ‘Tati’.

Después fue en Página/12 donde el ministro salió a cruzar de modo indirecto la información aportada por Moya. Fue en oportunidad de que Juan Merodo, otro que se animó a enfrentarlo en la política, fuera muerto a tiros:

Este es el tercer hecho que me cargan (… los otros fueron) cuando dijeron que llevé al gobernador Duhalde la foto de ese hombre parecido a uno de los que merodeaban la casa de Andreani la noche que asesinaron a Cabezas…”.

Fuente: Entrevista de Andrés Klipphan a Mussi: “Es el tercer hecho que me cargan”, en Página/12, domingo 16/3/97, pp 6.

Al tiempo, el hombre del identikit fue detenido: el policía Carlos Stoghe, de Varela, como se ve en el ejemplar de Clarín que Viale exhibió. Se hubiera llegado a él mucho antes si Mussi no hubiera desviado la atención hacia su competidor interno en Berazategui.

Cubrió el Juicio por Cabezas

Moya fue el único colega del conurbano que cubrió desde Dolores, en directo para medios del Gran Bs. As., el juicio por el crimen del fotoperiodista (Enero de 2000).

Entrevista al comisario Fogelman, a cargo del caso. Detrás, el periodista Ricardo Ragendorfer. Foto: Jota -de editorial Perfil-

En esa cobertura, Moya obtuvo estas primicias:

* La negativa de la defensa de Alfredo Yabrán de requerir al comisario inspector Oscar Alberto Viglianco. Se debió a que “nadie está obligado a testimoniar en su contra”; tal declaración, en boca del abogado Jorge Sandro, evidenció que la investigación habría de apuntar a altos funcionarios de la Policía Bonaerense.

* La entrevista exclusiva a Viglianco, ex jefe de la Brigada de Investigaciones de Dolores. Fue interpelado antes de su declaración judicial, después de la cual, partió raudo sin enfrentar a los medios nacionales que, ya numerosos, le esperaban a la salida.
Viglianco, según la Fiscalía, habría faltado a sus deberes de funcionario público. Allanó la vivienda de Martínez Maidana, uno de «los Pepitos» de donde sacó el Colt calibre 32 que figura como utilizado para matar al fotógrafo. Aceptó que el secuestro no había sido el correcto: en vez de preservarlo en un sobre marrón lacrado ante testigos, se lo enfundó en la cintura para llevárselo. Después, explicó a los jueces que no tenía sobres.

* La familia Bellstedt (de Quilmes), achacó a Viglianco otro “plantado de pruebas”. El dato, aportado por Moya, motivó un reportaje de Lorena Maciel para Radio Mitre.

Alejandro Vecchi, abogado de la familia Cabezas.

Moya ya había publicado en el periódico La Misión de Ranelagh denuncias acerca de la relación ente la droga y la Policía, que dejaban mal parado al comisario Carlos Miniscarco, uno de los jefes de la investigación por Cabezas.

La sala donde trabajaba la prensa en el Juzgado de Dolores.
En la previa a la suelta de globos en el Obelisco en homenaje a Cabezas. Foto: Julio Ortega.

Un cuarto de siglo después, a pesar de la impunidad garantizada desde mafias enquistadas en el Estado, seguimos fieles la consigna No se olviden de Cabezas.


4 Respuestas a “MOYA, EN EL CASO CABEZAS (A 25 AÑOS)”

  1. En esa época en Berazategui corria mucha Droga y té olvidastes de las Avionetas que bajaban Droga en el Aeroclub todas las noches. Hiciste muy buena investigación sobre la muerte de Cabezas al cual lo ejecutaron exelente trabajo de inteligencia Felicitaciones Alberto Moya

    1. No me olvidé de nada, pero quisimos circunscribirnos a Cabezas. Esta nota es vieja, tomada de mi blog personal, el de mi trayectoria.
      Gracias por tus palabras.

      Lo de los aviones está en Leña.

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