(CIB) Con su programa cultural La Torre de las Palabras, Oscar Sandoval Martínez y M. Elena García Giraldo fueron ganadores del premio Raíces, al primer Café Literario Internacional en modo virtual, y del Premio Poldy Bird 2021. Hace días, a instancias del Círculo de la Prensa y la Cultura regional, fue homenajeado en el cementerio local junto al Círculo de Periodistas y Afines Mariano Moreno. Aquí, las palabras de su compañera de tareas.

Oscar, un ángel en la tierra
Por María Elena García Giraldo
Hablar de Oscar conlleva referirse a un alma generosa, sensible y luminosa. Fue escritor, actor, director de teatro, profesor y, sobre todo, una persona con una profundidad humana difícil de encontrar. Tenía la rara capacidad de convertir cualquier cosa en poesía, de elevar las palabras con un vocabulario rico y preciso, de transformar la vida cotidiana en arte.

En el ámbito del teatro, no sólo fue creador, sino impulsor de otros. No buscaba el protagonismo: su mayor satisfacción era ver brillar a los demás. Disfrutaba de empujar a quienes tenía cerca hacia la luz del escenario, hacia el aplauso merecido. La misma actitud tuvo como amigo, como hermano, como hijo, como compañero: atento a cada detalle, presente en los cumpleaños, en los consejos, en los gestos pequeños que hacen grande a una persona.
Oscar era también un hombre inteligente, resolutivo, con una extraordinaria capacidad para enfrentar problemas en su trabajo, por lo que todos lo buscaban, todos lo necesitaban. Tenía una bondad tangible, una alegría contagiosa, un humor inolvidable. Estudiamos juntos la carrera de Abogacía en La Plata, compartimos ideas, inquietudes, proyectos, afectos.
Cuando supe de su partida —mientras manejaba hacia Berazategui, esa ciudad que nos vio crecer— sentí que el mundo se me desarmaba. Tuve que obligarme a respirar, a mantenerme enfocada, pero algo dentro de mí se quebró. Las palabras que no llegué a decirle, los momentos que no pudimos compartir, se agolparon en mi pecho.

Hacía poco, Oscar se había jubilado después de más de treinta años de trabajo incansable. Lo que más me duele no es su ausencia, sino que la vida no le haya dado el tiempo que tanto merecía para disfrutar del ocio, del mate, de los libros, de aquello que más amaba. En la Facultad lo conocían todos, porque era de esos seres que saludan, sonríen y dejan huella. Se había propuesto estudiar y terminar la carrera, con esa pasión incansable por aprender y compartir.
Hoy, casi dos años después de aquel 5 de octubre de 2023, el vacío sigue intacto; es una ausencia que no puedo comprender. Nadie puede ocupar el lugar que Oscar tuvo en mi vida. Era un atlas, una caja de sorpresas, una brújula, un ser excepcional, lleno de infinitas anécdotas tan fascinantes como graciosas.
Se lo extraña como a un faro en medio de una noche sin luna, como a un oasis en pleno desierto. En lo personal, aún lo busco en todas las pequeñas cosas, y en ese buscar, su huella me acompaña.
