BAYER, EL DEL ABRAZO LIBERTARIO

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El memorial derribado. Foto del 25 de marzo de 2023

Por Sergio Marelli

Osvaldo Bayer era libertario. Le gustaba esa palabra. Cuando dedicaba sus libros solía poner un “abrazo libertario”. Es que la palabra “libertario” es entrañable a la historia del anarquismo. Eran libertarios los peones rurales que se alzaron en la Patagonia de los años veinte y fueron fusilados por pedir condiciones dignas de trabajo. Era libertario Severino Di Giovanni, que le declaró la guerra a los bancos, la embajada estadounidense, los funcionarios fascistas representantes del Duce y a la policía argentina –y escribió hermosas cartas de amor que Osvaldo se dedicó a recopilar–. Era libertario Simón Radowitzky que mató al jefe de policía coronel Ramón L. Falcón después que éste reprimiera con brutalidad la manifestación obrera del 1º de Mayo de 1909, y pagó ese acto con 21 años de prisión en el penal de Ushuaia. Era libertario Kurt Gustav Wilckens, el obrero alemán que, en enero de 1923, mató al teniente coronel Varela, en Palermo, por haber sido el ejecutor del fusilamiento de centenares de peones patagónicos. Era libertario Rafael Barret, el español que fundó la literatura paraguaya con libros como “El dolor paraguayo” y “Lo que pasa en los yerbales”, que alguna vez, cuando vio a una ralea harapienta disputándole la basura a las últimas ratas de la noche, dijo: ”Sentí la infamia de la especie en mis entrañas, y comprendí que la única manera de ser bueno es ser feroz”.

Con errores, arbitrariedades y contradicciones, ellos soñaron que el hormiguero humano fuera alguna vez lo que seguimos soñando con el nombre de humanidad. Ellos eran libertarios, no estos energúmenos producidos en un set de televisión, estos envenenadores de conciencia, estos acomplejados imbecilizados de odio, estos seres fallidos que no terminaron de descender de los monos. Creen que con una retroexcavadora pueden derribar la memoria de un hombre digno. No saben que el recuerdo de Osvaldo Bayer seguirá de pie, cuando ellos sean solo polvo y olvido en el basurero de la historia.

Desde este Centro Informativo quisimos reivindicar la memoria de Bayer, por lo que levantamos este texto del colega de Radio Universidad que agradecemos con otro abrazo libertario.

Bayer, entre Hamlet Lima Quintana y Quique Llopis. Debajo, un servidor. Archivo: Alberto Moya (1988)

Un texto de Bayer

La noble igualdad (2009)

Recorrer la sociedad. Ver los rostros. Visitar los lugares de la lucha por la dignidad de la persona humana frente a la defensa de los intereses particulares. Una telaraña infinita de desacuerdos, intereses, protestas de los que ven pronto su bolsillo vacío y los ojos de los niños que esperan. Búsquedas. Intercambio de sonrisas de los del verdadero poder ante sus márgenes cada vez más interesantes. La palabra “ganancias”. Los filósofos que limpian sus lentes cada vez empañados.

De pronto, un maestro me alcanza un sobre. Una invitación de la Escuela Media 7 de Berazategui a la imposición de nombre a esa escuela. Por el voto de los docentes, de los padres, de los alumnos y de los no docentes, se bautiza a ese centro de educación con el nombre de Ernesto “Che” Guevara. Nada menos. Algo está pasando, me digo. La gente está perdiendo el miedo. No votaron nombres como antes, para no ser sospechados de nada, quedar bien y mirar hacia adelante. Los clásicos, Bartolomé Mitre o Julio A. Roca o Perito Moreno o por trigésima vez Domingo Sarmiento. Nos relatan que ese colegio no tenía nombre y hace quince años se hizo la votación y fue elegido también el Che como nombre. Pero las autoridades superiores no lo permitieron. Tres lustros después se insistió y, esta vez sí, el responsable del ministerio puso la firma, aceptando la voluntad popular. Bueno, estamos aprendiendo algo de lo que se llama democracia, justo allí, donde se enseña a las generaciones venideras. Los otros dos nombres más votados fueron el de Rodolfo Walsh y el de Azucena Villaflor, la primera Madre de Plaza de Mayo asesinada por los dictadores de uniforme. Es decir, tres nombres de quienes ofrecieron su vida por una nueva sociedad y no por un mejor bolsillo propio.

Lo mismo me ocurrió cuando fui a visitar en Quilmes a los trabajadores de la Cooperativa Textil Quilmes, quienes fueron desalojados en agosto del edificio de la ex empresa Ferratex, luego Filobel y por último Fedabtex. Desde ese momento, los hombres y las mujeres del trabajo acamparon en las afueras del establecimiento. Allí están: sufriendo las inclemencias del tiempo y todas las humillaciones que representan no poder trabajar en su oficio y en su cooperativa, la forma más democrática para trabajar. La empresa, en octubre de 2008, despidió a 120 operarios, dejando en planta sólo a diez. Pero a los despedidos no les abonaron las indemnizaciones. Entonces éstos, con total sentido del verdadero derecho a trabajar, ocuparon la fábrica y fundaron una cooperativa, imitando el claro ejemplo de Zanon, que demostró como cooperativa ser superior en producción y en fuente de trabajo a los antiguos empresarios. Pero el juez Vendola y el fiscal Saizar ordenaron el desalojo de la fábrica. En vez de favorecer al trabajo, favorecieron la desocupación y la malignidad empresaria, que ni siquiera cumplió con el pago de las indemnizaciones. Pero los trabajadores no se rinden. Allí están, contra viento y marea. Los representantes del pueblo de Quilmes tienen que intervenir. Se trata de una fuente de trabajo y de trabajadores que quieren mantener a sus familias. No se les puede negar ese derecho indiscutible. Primero el trabajo y después la pequeñez de discutir si el empresario que no paga sigue teniendo todos los derechos de cerrar la puerta y mandarse mudar.

Allí están los obreros. La sociedad les impide trabajar y cumplir con sus ideales de una cooperativa de trabajo. Los representantes del pueblo se callan la boca. La Justicia envía a la policía como única solución. El empresario sonríe detrás de la cortina de un restaurante de lujo. La otra Argentina, no aquella del pensamiento de Mayo de 1810. Aquella que quiere seguir cantando el Himno: “Ved en trono a la noble igualdad”. La noble igualdad. Libertad, libertad, libertad.


3 Respuestas a “BAYER, EL DEL ABRAZO LIBERTARIO”

  1. De nuestra generación depende que las palabras de Bayer resuenen una y otra vez porque reflejan el humanismo libertario, tan distinto a estos pseudo libertos gobernantes …
    Gracias por esta nota, Alberto.

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