DIA DEL TRASTORNO POR DEFICIT DE ATENCION (TDAH)

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Por Instituto Superior Atanasio Lanz

El 28 de julio se conmemora el Día Nacional del Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH). Es uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes de la niñez, que interfieren en su desenvolvimiento social y escolar.

En el caso de niños y adolescentes, las dificultades suelen manifestarse con mayor claridad en el ámbito educativo y en los vínculos interpersonales, generando desafíos que requieren acompañamiento profesional, contención familiar y empatía por parte de la sociedad.

¿Qué es el TDAH?

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad se manifiesta a través de síntomas persistentes de inatención, impulsividad e hiperactividad, que interfieren significativamente en el funcionamiento cotidiano.

Estudios afirman que el 80% de los niños continúa con síntomas durante la adolescencia, y entre un 30% y un 65% en la adultez. Además, se presenta con mayor frecuencia en varones (3 o 4 por cada niña), aunque en ellas tiende a manifestarse con más síntomas de inatención o ansiedad, lo que muchas veces retrasa el diagnóstico.

Cada persona con TDAH presenta una combinación única de síntomas, que pueden variar a lo largo del tiempo y coexistir con otras condiciones. Por eso, es clave evitar diagnósticos reduccionistas y enfoques estandarizados.

De trastorno a condición: por una mirada respetuosa

En los últimos años, diversas voces han cuestionado el uso del término “trastorno”, por su carga negativa. Activistas, personas con TDAH y especialistas en neurodiversidad proponen referirse a esta y otras formas de funcionamiento cerebral como “condiciones” o “neurodivergencias”.

La socióloga autista Judy Singer, quien acuñó el término neurodiversidad en 1998, remarca la importancia de reconocer las fortalezas individuales y fomentar una sociedad que abrace las diferencias humanas, en lugar de intentar “normalizarlas”.

En este marco, se afirma que no hay una única manera correcta de pensar, sentir o relacionarse, y que la diversidad neurocognitiva debe ser aceptada como parte de la pluralidad humana.

El impacto del estigma

Quienes conviven con TDAH o condiciones del espectro autista suelen enfrentarse a prejuicios sociales, exclusión escolar, burlas y aislamiento familiar. A menudo, el entorno no logra ver más allá de los síntomas, ignorando las potencialidades y talentos de estas personas.

Un estudio reveló que el 75 % de los niños neurodivergentes sufren exclusión social, y un 37 % fue objeto de burlas en su entorno. A nivel familiar, el 40 % experimentó aislamiento social o pérdida de vínculos debido al estigma.

El desconocimiento lleva a que muchos adultos no sean diagnosticados, lo que afecta su autoestima, su salud mental y su desempeño laboral.

Mitos y verdades: repensar el TDAH desde una mirada integral

En la cultura popular, el TDAH se asocia con la hiperactividad en niños, pero eso reduce y distorsiona su verdadero alcance. No todas las personas con TDAH son inquietas; muchas presentan sobre todo dificultades para sostener la atención, regular emociones o gestionar el tiempo.

Tampoco es cierto que el TDAH sea sinónimo de bajo rendimiento: con acompañamiento adecuado y comprensión del entorno, muchas personas con esta condición destacan por su creatividad, intuición, energía e innovación.

El rol de la sociedad: de la aceptación al apoyo

La inclusión no se logra solo con diagnósticos. Es fundamental crear entornos educativos, laborales y sociales que comprendan la diversidad y acompañen con empatía. Esto implica capacitar docentes, adaptar currículas, formar profesionales en salud mental y, sobre todo, escuchar a quienes viven estas condiciones.

Como afirma Caroline Miller, del Child Mind Institute, el movimiento de neurodiversidad no niega los desafíos, pero propone abordarlos desde una perspectiva que potencia fortalezas y acompaña las dificultades sin estigmatizar.

Neurodivergencias y derechos

Conocer y aceptar el TDAH es una cuestión de derechos humanos y justicia social. En un mundo donde se valora la productividad por encima del bienestar, es fundamental visibilizar y respetar las múltiples formas de ser y estar.

El camino hacia una sociedad inclusiva no pasa por corregir a quienes son diferentes, sino por ampliar las estructuras para que todos puedan desarrollarse con dignidad.


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