(CIB) Oscar Sorini recibió un reconocimiento especial en la Universidad Católica Argentina de La Plata (UCALP) debido a su enorme trayectoria y calidad humana.

El acto, conmovedor, tuvo lugar en el primer piso de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina, donde habló el decano, Ricardo Sánchez Trapes, firmante del diploma junto a Eduardo Zabal (de Quilmes), su secretario académico.
Nacido el 31 de agosto de 1943, lleva seis décadas dando clases, en las que ingresó como vocación de labor gratuita. Trabajó en Xerox desde 1968 a 1988, cuando la firma se retiró de la Argentina (al mismo tiempo que General Motors).
En 1987 se había recibido de licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad Católica Argentina (UCA). Empecé a dar clases ad honorem. En los ’90 fue docente en Lomas de Zamora durante toda la década. Tenía empleo en otras empresas mientras daba clases; tuvo miles de alumnos. A comienzos de este siglo fue designado profesor por concurso ganado en el Ministerio de Justica, para el Servicio Penitenciario, donde es docente de la Escuela de Cadetes; muchos de los cuales son dirigentes muy importantes.
Una sentida carta de Plácido Eirale, director de la Escuela de Cadetes del Servicio Penitenciario bonaerense, fue leída en el acto de este jueves, donde además, dos ex alumnas dedicaron hermosas palabras: Macarena Fernández, directora de la carrera de Gestión de RRHH, y la docente Fernanda Fiorentino, quienes pintaron un semblante de su labor.
En la UCA, Sorini da clases en varias carreras. En tres materias de Ciencias Económicas: Gestión de Recursos Humanos; Comercialización y Administración de Empresas. También enseña en la carrera de Martilleros de Bernal; en la Facultad de Derecho, y da Seguridad Industrial en Ingeniería.
Asistieron al homenaje los diputados berazateguenses Fabian Luayza y Viviana Romano (ex alumnos), junto a autoridades de la UCA, profesores, docentes jubilados y alumnos. Quienes no hablaron aportaron al video que se proyectó.
También se dirigió a los presentes Candelaria, la hija menor, en representación de toda la familia:

Un saludo
Querido Cachito (alias “El Guía Espiritual”)
Por Plácido Ariel Eirale
Hay cosas que uno siente durante años y, por distintos motivos, nunca llega a decir. Tal vez por pudor, por la vida misma, por los silencios que a veces uno guarda, o porque hay agradecimientos tan profundos que cuesta ponerlos en palabras.
Hoy quiero decirle algo que llevo en el corazón: gracias.
Gracias por haber sido para mí mucho más que una persona de consejo. Siempre lo sentí como un hombre distinto, especial. Un hombre sensible, inteligente, humilde, con un espíritu luminoso, de esos que no necesitan hablar fuerte para dejar una enseñanza. Usted enseñaba con su manera de vivir, con su paciencia, con su fe, con su nobleza y con esa forma tan suya de mirar la vida.
En la Escuela de Cadetes lo llamábamos con cariño “El Guía Espiritual”, y no era solo un apodo. Era una verdad. Porque muchas veces, sin saberlo quizás, usted fue un faro para mí. En momentos de dudas, de cansancio, de tristeza o de búsqueda, su palabra me ayudó a seguir caminando. Tal vez nunca se lo dije como corresponde, pero su presencia dejó una huella muy profunda en mi vida. Hay personas que uno recuerda con respeto. Hay otras que uno admira. Y hay unas pocas, muy pocas, que uno guarda en el alma. Usted está en ese lugar.
Gracias, querido Cachito, por su nobleza, por su sensibilidad, por su sabiduría y por haber sido una de esas personas que hacen bien sólo estando cerca.
Con todo mi afecto, respeto y gratitud.
