
-… He visto manos que talaban árboles temblar bajo el peso de la cuchara de comida limosneada. ¡Yo venteo el silencio! ¡Yo venteo la sombra! ¡Yo venteo la muerte!
Manuel Scorza, Cantar de Agapito Robles, capítulo 15.
Pertenezco a una generación que leía: el diario no era fácil de abordar, se requería un entrenamiento, conocer las secciones, los títulos… Llevaba años saber quién estaba detrás de la linea editorial de La Nación, La Prensa, La Razón. No había persona que subiera al tren sin un diario. Ahora no veo casi ninguno. En el celu, hallan todo digerido, procesado, nunca superan los cien caracteres.
Así es posible que, en la semana en que ganaron las elecciones en la Capital Federal de la Argentina con menos del veinte por ciento del padrón, el fascismo mandante festeje degradando la Subsecretaría a Derechos Humanos; reduzcan a una caricatura el Archivo Nacional de la Memoria; quiten autarquía al Museo de la Memoria, igual que el Banco Nacional de Datos Genéticos; también pretende ocupar con personal de la SIDE el edificio de Alem 342, donde desde 1950 funciona el Archivo General de la Nación creado en 1821, en ese hermoso edificio se atesora todo el acervo documental de la historia del país, desde el Virreinato a la fecha, donde trabajé cerca de dos décadas, sobre todo relevando los Decretos PEN, en especial los del periodo 1950-1973.
Como perlita, durante el periodo 1955-58, un gobierno que también se autopercibía libertador gobernó a través de decretos, casi todos tan horribles como el decreto ley 4161, del 5 de marzo de 1956. Lo que se anuncia como nuevo, no es otra cosa que lo que he dado en llamar El Síndrome de Jesús, padecido por quienes creen que la historia comienza cuando ellos llegaron.
Estos ilegales que violan en forma sistemática la Constitución Nacional desde el 20 de diciembre de 2023 con el Decreto PEN 70/23 necesitan destruir toda la documentación que desenmascare, que no son más que una mala copia de todos los gobiernos entreguistas que lo precedieron, como la Bombardeadora que nos encadenó a la deuda con el FMI y el Club de París. No toleran la historia, porque la desconocen y porque el supremacismo que los desborda desnuda su infinita ignorancia. Los que se autoperciben superiores ignoran que Manuel Scorza, en el Cantar de Agapito Robles, le hace decir a doña Añada, la anciana que tejía el futuro en sus ponchos:
«He visto temblar manos…»


Decreto de prohibición de nombrar a Perón