TDAH: PREMIADA EN NEW YORK

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La berazateguense Valentina Scheerle obtuvo un galardón mundial de Google. Su proyecto utiliza inteligencia artificial para facilitar el aprendizaje de estudiantes con TDAH, dislexia y daltonismo.

Por Natalia López Gómez

Google premió a una joven argentina que desarrolló una herramienta de inteligencia artificial pensada para ayudar a estudiantes con TDAH, dislexia y daltonismo, tres condiciones que pueden volver mucho más difícil algo tan cotidiano como seguir una clase, leer un apunte o estudiar desde una computadora.

La protagonista es Valentina Scheerle, una joven de 22 años oriunda de Berazategui que acaba de recibir en Nueva York uno de los premios estudiantiles más importantes que Google entrega a nivel mundial.

La joven argentina premiada por Google Valentina Scheerle recibió en Nueva York el Gold Pencil, uno de los premios estudiantiles más prestigiosos del mundo, por su proyecto Google Prism. Redes

Todo empezó con una pregunta simple: ¿por qué todos los estudiantes tienen que usar las mismas herramientas si no todos aprenden de la misma manera?

A partir de esa inquietud, Valentina puso el foco en una realidad que suele pasar desapercibida. Lo que para muchos alumnos es una tarea sencilla, para otros implica obstáculos permanentes. Un estudiante con TDAH, por ejemplo, puede sentarse frente a una tarea con intención de concentrarse y terminar distraído entre notificaciones, pestañas abiertas y otros estímulos que aparecen en la pantalla.

Algo similar ocurre con las personas con dislexia, para quienes leer un apunte puede demandar mucho más tiempo y esfuerzo. En el caso del daltonismo, las dificultades aparecen cuando gráficos, cuadros o materiales educativos dependen de los colores para transmitir información.

Sin embargo, la mayoría de las plataformas educativas siguen ofreciendo la misma experiencia para todos los usuarios, como si todos los estudiantes aprendieran de la misma forma. Frente a esa lógica, Scheerle decidió cambiar la pregunta. En lugar de pensar cómo podían adaptarse los alumnos a la tecnología, se preguntó qué ocurriría si la tecnología pudiera adaptarse a cada estudiante.

De esa idea nació Google Prism, una herramienta basada en inteligencia artificial que personaliza contenidos, formatos y recursos según las necesidades de cada usuario.

El proyecto logró destacarse entre miles de propuestas de todo el mundo y convirtió a la joven bonaerense en una de las ganadoras de uno de los reconocimientos internacionales más importantes en innovación y creatividad.

El premio que la llevó al escenario de Nueva York

Con apenas 22 años, Scheerle consiguió una de las mayores distinciones estudiantiles en creatividad e innovación a nivel internacional. Su proyecto Google Prism ganó el Gold Pencil en la categoría Creative Use of AI, el máximo reconocimiento para trabajos vinculados con inteligencia artificial.

Desarrollado junto al diseñador de movimiento Andrew Ordieres, el proyecto también recibió un Bronze Pencil en la categoría Experimental & Immersive. A esos galardones se sumaron un Silver Pencil por la campaña Launch It y cinco Menciones de Mérito por otros trabajos presentados en la competencia.

En total, Scheerle obtuvo ocho reconocimientos en una edición que reunió a estudiantes de decenas de países y posicionó a su universidad entre las más premiadas del mundo.

“Fue un proceso intenso. Buscar cómo aplicar la IA en un espacio inexplorado, encontrando una mirada propia en un campo que cambia todos los días, fue el desafío más grande y también lo más gratificante de este proyecto”, contó Scheerle a Página/12.

Qué es Google Prism

Google Prism no es una aplicación que hoy pueda descargarse ni una herramienta que Google haya lanzado al público. Se trata de un proyecto desarrollado en el ámbito universitario que busca mostrar cómo podrían ser las plataformas educativas del futuro si la accesibilidad estuviera pensada desde el inicio y no como una función agregada después.

La propuesta imagina una especie de asistente inteligente integrado a las herramientas educativas de Google. Todo comienza con una breve evaluación que permite conocer cómo cada estudiante procesa la información. A partir de ahí, el sistema crea un perfil personalizado que identifica la manera en que esa persona percibe, interpreta y aprende.

Con esos datos, la plataforma adapta en forma automática los contenidos para que resulten más accesibles.

Por ejemplo, si un estudiante tiene TDAH, la inteligencia artificial reduce distracciones, elimina elementos visuales innecesarios y organiza mejor la información para ayudar a mantener la atención.

Daltonismo El daltonismo puede dificultar la interpretació de gráficos, mapas y contenidos educativos que dependen de los colores para transmitir información.

Algo similar ocurre con quienes tienen daltonismo. En ese caso los gráficos, mapas e imágenes modifican sus colores y suman texturas para que la información sea más fácil de distinguir. Si tiene dislexia, los textos cambian aspectos como la tipografía, el espaciado y la organización visual para facilitar la lectura.

Dislexia Para muchos niños y adolescentes con dislexia, leer un texto puede requerir más tiempo y esfuerzo, especialmente cuando los materiales no están adaptados a sus necesidades. Prensa –

La clave es que el contenido no cambia. La información sigue siendo exactamente la misma. Lo que cambia es la forma en que se presenta para que cada estudiante pueda acceder a ella de la manera que le resulte más cómoda y efectiva.

TDAH: una condición frecuente que todavía genera muchos mitos

La importancia de proyectos como Google Prism también se entiende al mirar la cantidad de personas que conviven con TDAH, una de las condiciones del neurodesarrollo más frecuentes que comienzan en la infancia.

Según explica el doctor en Psicología Juan Pablo Paneiva Pompa, miembro del grupo de investigación “Comportamiento Humano, Neurociencia y Neurodiversidad” del IPSIBAT (CONICET – UNMDP), el TDAH no es una enfermedad ni algo que deba “curarse”.

Juan Pablo Paneiva Pompa, doctor en Psicología e investigador del CONICET, Explicó por qué el TDAH no es una enfermedad sino una forma diferente de desarrollo cerebral. Prensa

“Es una manera diferente en la que se desarrolla el cerebro. No es mejor ni peor, simplemente distinta, con fortalezas y desafíos propios”

El especialista destaca que este es uno de los aspectos que más confusión suele generar. “No se trata de una enfermedad que se cura, sino de una manera de ser”, resumió.

Para que exista un diagnóstico clínico de TDAH, explicó, los síntomas deben cumplir ciertas condiciones. Por un lado, tienen que generar dificultades importantes en la vida cotidiana. Además, deben aparecer de forma sostenida en distintos ámbitos, como la escuela y el hogar, y haberse manifestado antes de los 12 años.

En otras palabras, no alcanza con distraerse de vez en cuando o tener problemas para concentrarse en algunas situaciones. El diagnóstico requiere que esas dificultades sean persistentes y tengan un impacto real en la vida de la persona.

Los números detrás del diagnóstico

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2019 había alrededor de 85 millones de personas con TDAH en el mundo. En Argentina, los estudios muestran que afecta aproximadamente entre el 4% y el 5% de la población infantil y juvenil.

TDAH Los estudiantes con TDAH pueden encontrar dificultades para sostener la atención en entornos digitales cargados de notificaciones, estímulos visuales y distracciones constantes. Redes

A nivel internacional, las estimaciones van entre el 4% y el 7,6%. Además, se trata de una condición que suele continuar más allá de la infancia. Entre el 50% y el 80% de los niños y adolescentes diagnosticados siguen presentando síntomas en la adultez.

Las manifestaciones cambian con el tiempo. Durante la etapa preescolar predominan la inquietud motriz, la impulsividad y las dificultades para seguir normas.

En la escuela suelen aparecer problemas vinculados al aprendizaje, la organización, la autoestima y la socialización. Durante la adolescencia, la hiperactividad física muchas veces se transforma en una sensación permanente de inquietud mental. También se incrementan las dificultades para organizar tiempos y sostener rutinas.

En la adultez pueden persistir los olvidos frecuentes, la desorganización, los problemas para concretar proyectos o mantener ciertas dinámicas laborales y personales.

Por qué una pantalla puede transformarse en una barrera

Paneiva Pompa explicó que buena parte de estas dificultades se relacionan con las llamadas funciones ejecutivas.

Se trata del conjunto de habilidades cognitivas que permiten planificar tareas, organizar actividades, controlar impulsos, monitorear acciones y sostener la atención.

Las personas con TDAH suelen presentar diferencias en áreas como el control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva y la memoria de trabajo.

Por eso una plataforma educativa repleta de estímulos visuales, ventanas, colores, notificaciones y elementos en movimiento puede convertirse en una fuente constante de distracción.

“No tienen un problema intelectual. No es que no entiendan o que no puedan aprender. Si un estudiante se distrajo varias veces durante una explicación, probablemente no recuerde el contenido después. Pero eso ocurre porque la información no llegó a consolidarse, no porque exista una incapacidad intelectual”, señaló Paneiva Pompa.

El potencial que muchas veces queda oculto

El diagnóstico suele estar asociado únicamente a las dificultades, pero el especialista destaca que también existen fortalezas características.

Entre ellas menciona la capacidad de hiperfoco cuando una actividad despierta un interés genuino, la creatividad, el pensamiento lateral, la espontaneidad, la energía, la iniciativa y la habilidad para detectar detalles que otras personas suelen pasar por alto.

“Como dice la frase de Spider-Man, todo gran poder implica una gran responsabilidad. Esta configuración cerebral genera desafíos, pero también puede convertirse en una fortaleza cuando existe acompañamiento adecuado”, resumió.

Las mujeres muchas veces quedan fuera del radar

Otro de los desafíos es el subdiagnóstico en mujeres. Las estadísticas muestran más diagnósticos en varones, pero eso no necesariamente significa que la condición sea más frecuente.

Según sostuvo Paneiva Pompa, los niños suelen presentar conductas más visibles, asociadas a la hiperactividad y la impulsividad, lo que facilita la detección.

En cambio, muchas niñas manifiestan síntomas de inatención, menos disruptivos para el entorno escolar y, por lo tanto, más fáciles de pasar por alto.

Como consecuencia, numerosas adolescentes y mujeres llegan al diagnóstico muchos años después.

Una tecnología que pone la inclusión en el centro

El paradigma de la neurodiversidad plantea que no todas las personas aprenden, perciben o procesan la información de la misma manera y que esas diferencias forman parte de la diversidad humana.

Desde esa mirada, el desafío ya no consiste únicamente en ayudar a los estudiantes a adaptarse al sistema, sino también en construir entornos capaces de adaptarse a ellos.

Por eso, detrás de Google Prism hay algo más que una innovación tecnológica. Hay una discusión sobre qué tipo de educación quieren construir las plataformas digitales en los próximos años.

Porque el futuro no dependerá solamente de algoritmos, sino de herramientas capaces de entender que detrás de cada pantalla hay personas distintas, con necesidades distintas y formas distintas de aprender.

Y fue justo una estudiante de Berazategui la que llevó esa discusión hasta uno de los escenarios más importantes del mundo.


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